Vivo en una ciudad… seguramente aguanto como tú el olor de los coches cuando el día comienza y cruzo las mismas calles grises como cada mañana. Puede que también haya estado en los mismo bares a los que siempre vas. Sólo soy uno más, soy el que se levanta cada mañana con legañas y sudor, que paga por sus pecados, que se queja y que se aburre cuando no hay nada que hacer. Soy un desperdicio, otro vagabundo de una generación perdida que se pudre bajo el mismo sol que tú, acostumbrado a las nauseas de una ciudad cansada de existir, pintor de asfalto húmedo y saltador de rampas, que ha visto toda la mierda que se le puede ofrecer a alguien. Seguramente, igual que tú.
Somos el reflejo de la sociedad de miles de niños que acabaron malcreciendo y acabaron siendo los niños perdidos y sin alma de la Generación del Amor que nunca encontrarán a su Wendy. Porque las cartas siempre vienen malas y amenazan borrascas, y todas las tardes son en blanco y negro y todos los dioses acaban siendo intratables.
Dios nos odia a todos… y yo también.
By Afi Dylan
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